Campo de Cabral
Saturday, 10 May 2008 18:55
----¡¡ Papá!...papá!!... lo llama el señor Fernández. —grité sin moverme del lugar, no podía hacerlo, estaba clavado en la tierra.
----Ya voy…--contestó desde el despacho de bebidas y segundos mas tarde llegó al surtidor. Cuando llegó, Fernández y mi padre se saludaron dándose la mano lo que me llamó mucho la atención, pues ese hombre nunca daba la mano a nadie. Esto era muy conocido en el pueblo.
----Don Simón, yene el tanque de nafta y también esos tarros q’estan en la parte de atrás del auto. —
Observé que en el coche se encontraban tres individuos de muy mala catadura, armados con rifles Winchester y revólveres, además de varias escopetas que descansaban en el piso del Ford.
Una vez completados los tanques con el combustible, el señor Fernández abonó veinticuatro pesos por los ochenta litros.
----Bueno don Simón…por si no nos vemos mas, gracias por todo, súrtale a mi muchacho de lo que necesite, él le pagará…y…adiós. —dijo estrechando fuertemente la mano de mi padre y luego la mía, agregando:
----Adiós muchacho…me gusta como cuidas tu petizo…serás un buen criollo….
----Adiós señor.---dije a mi vez contemplando a ese hombre de tan mala fama, pero que con nosotros, según oí, siempre fue un caballero.
----Simón, cerra el negocio, la cena esta pronta.
----Vieja, espera quince minutos para servir la comida.---dijo papá y agregó:
----Docho, hace funcionar el molinillo---.este era el sistema de iluminación de la casa y parte de las demás dependencias.
Terminamos de cenar. Cada uno se dirigió a su habitación para vestirse. El hecho de concurrir al baile, era para todos una noche de gala en la que se lucia de acuerdo a las circunstancias.
El baile se desarrollo en forma normal. Algunos jóvenes interpretaron bailes tradicionales luciendo trajes de gauchos. Luego de las danzas alegóricas se bailo las de moda, tangos, fox, paso dobles, chamames etc. Como siempre los muchachos se acercaban a mi padre pidiendo autorización para bailar con mi hermana.
Luego de aprobarlo, reía ante la ocurrencia de los jóvenes, pero se sentía orgulloso.
Extrañados nos retiramos a altas horas de la noche sin que hubiera ocurrido nada, una de las pocas veces en que un baile no termino con un tiroteo ni altercado de ningún tipo.
----.Rosa, ¡que raro!, no estuvieron Mengues, Cabral y los otros que intervienen directamente en la carrera. —dijo mi padre cuando ya habíamos llegado a casa.
----.Ya verás, mañana ocurrirá algo. —
Me dormí pensando en el día siguiente que seria muy especial cuando de pronto fui despertado por una descarga de armas varias.
---- ¡Docho, se armó!!!....---grite a mi hermano saltando de la cama.
----Nauncho, no se armó nada… acostate, son las cinco de la mañana y todos están disparando para festejar el Veinticinco de Mayo.---dijo mi madre desde su dormitorio.
----Pucha… ¡que macana!...yo creí que se había armado la gorda…---
----Nauncho. ¿Qué manera de hablar es esa?...
----Perdoname mamá…---dije y me acosté pero, ya no pude conciliar el sueño.
Concurrimos a la escuela en el horario de costumbre, luciendo guardapolvos blancos y almidonados, dando fiel interpretación a la idea de Sarmiento, cada uno luciendo la escarapela celeste y blanca en el pecho.
Me encontraba impaciente por que llegara la hora de ir a las carreras de caballos.
Regresé a casa al medio día, de la escuela y sin sacarme el guardapolvo tomé la bicicleta y dije a mi madre.
----Voy a ver como esta la carrera. —
---- ¡No!, no quiero. —
----.Pero… mamá, vuelvo rápido. —
----.Dejalo ir, no pasara nada, si algo ocurre será en la tarde, cuando estén todos reunidos. —dijo papá, que se estaba vistiendo las botas.
Tomé la bicicleta y me dirigí al lugar donde se disputarían las carreras de caballos, pudiendo apreciar que ya mucha gente concurría para poder tomar ubicación en los mejores lugares.
La cancha de Cabral, era un hermoso lugar, contaba con frondosos árboles que daban mucha sombra y debajo de los cuales ya estaban instalados, toda clases de kioscos, en los que se podía comprar bebidas, frutas, sándwiches, empanadas, chorizos y un sin fin de otros comestibles.
Como siempre estaban las dos o tres parrillas prontas para asar carne, que ya habían sido adobadas y preparadas para tal efecto.
La cantina, que era el kiosco más grande, estaba a cargo de Adán y Abraham Salvador. Cerca de esta cantina ya había varias canchas de taba y algunos estaban haciendo los primeros tanteos, con apuestas pequeñas.
----.Nauncho, ¿tu padre no viene?—me preguntó Abraham, agregando leña al fuego.
----. Hola, ¿como te va?, ¿no tenes nada hechos?...—dije mirando la parrilla y agregué:-- papa vendrá mas tarde, después de comer, me envió a ver como estaba esto.
----.Decile que se apure, tengo preparada una flor de tira de asado, muy tierna y además conseguí buenas “achuras” que las reservo para los amigos.
Luego de charlar unos minutos más, comencé a recorrer la zona y llegué hasta donde estaba el caballo de Mengues que disputaría la carrera central.
Era un hermoso animal que parecía adormecido. Su jockey estaba sentado a su lado, recostado en un árbol.
Muy cerca de este hombre se encontraba un cuero de oveja, que el solía usar para sentarse, pero en esta oportunidad lo hacia en el suelo. ¿Por qué?...
Una vez que había recorrido todo y visto a la mayoría de los conocidos, entre los cuales estaban Mengues, Cabral y otros, subí a la bicicleta y emprendí el regreso yendo por la pista donde correrían los caballos.
Ya había recorrido unos ciento cincuenta metros, cuando vi a Fernández, montado en su caballo alazán que salía del monte cercano y al trote corto, por la misma pista que yo marchaba, provisto de todo un arsenal, se dirigía al centro de la reunión.
Llevaba un rifle Winchester cruzado sobre la montura y además tenia dos revólveres en la cintura.
Me impresionó de tal manera la aparición del hombre, que estuve en un tris de caerme de la bicicleta. Paso a mi lado sin verme.
Retrocedí unos cincuenta metros y me detuve en el preciso momento en que Fernández gritaba.---
----¡¡ Mengues, salí de la carpa, si sos macho!!!... ¡¡Cabral,…no te escondas, cagon…!!
En ese instante sonó un disparo de revólver y fue la chispa que desencadenó la tragedia.
Debido a lo cerca que estaba, pude apreciar como Fernández se inclinaba adelante sobre el cuello del caballo, mientras extraía sus dos revólveres y comenzaba a disparar sobre el público que huía desesperado, dejando jirones de ropa y piel en los alambrados de púas que había en la cercanía. Yo atiné a saltar de la bicicleta y llegar hasta el alambrado de púa, cruzarlo como pude dejando jirones de mi ropa y resguardarme detrás de un “mogote” y esperar lo que sucediera.
El jockey del caballo del pueblo, levantó el cuero de oveja y tomando una pistola cuarenta y cinco, que allí estaba exprofeso, se parapetó detrás del árbol y disparó, dándole en algún punto vital, pues al recibir el plomo, casi cayó de su montura, logrando con gran esfuerzo mantenerse y continuar disparando sin ninguna protección y a pecho descubierto; situación esta que fue aprovechada por sus contrarios quienes se encontraban en mejor posición y dispararon sobre el hiriéndolo varias veces por lo que cayó del caballo al no poder mantenerse, pero no por ello, dejó de disparar. Ya en el suelo, trato de protegerse detrás de un árbol, pero como sus movimientos eran lentos debido a las heridas, fue literalmente cocido a balazos.
Asi, en forma violenta, murió ese hombre que vivió de la misma manera, terminando con su vida por defender una posición en la que creyó salir victorioso.
Fueron mucho los que le dispararon, por lo que nunca se pudo establecer, quien lo mató. El cuerpo tenia diez y ocho heridas mortales y varias menores.
Calmados los ánimos, la gente se fue aproximando y se pudo comprobar la existencia de ocho heridos quienes se trato de socorrer, para lo cual se los cargó en distintos vehículos y se los llevó al pueblo, donde el nuevo médico los fue curando a medida que llegaban.
El cadáver fue depositado debajo de un árbol y algún piadoso lo cubrió con ramas, para que los perros y las moscas no se le acercaran.
El público continuó jugando a la taba y preparándose para la carrera central.
Regresé a casa caminando, pues la impresión que me causó lo visto, no me permitió subir a la bicicleta.
Mi madre estuvo muy preocupada pero se tranquilizo cuando me vio llegar.
Por la tarde se corrió la carrera en la que el caballo de Mengues perdió, se comento muy “bajo” que el jockey se “vendió” y corrió mal. La gente disfruto, a pesar de lo acaecido, comiendo empanadas y pasteles, mientras jugaban a la taba en la cual mi padre gano cierta cantidad.
Terminada la reunión, el cadáver fue llevado en un camión hasta la comisaría de donde lo retiro el hijo, que no había concurrido a las carreras.
----.Simón, ¿Qué te dije?—
----.Vieja, lo mataron entre muchos…---
---- ¿Qué esperabas que hicieran?
----. Dicen que si no herían por la espalda, podría haber escapado pues tenia el auto preparado.
----.No podía terminar de otra manera.
Last Updated ( Wednesday, 14 May 2008 17:17 )

