Colorau Reta
Saturday, 10 May 2008 18:57
----.Nauncho, el “colorau” es una luz…la yegua no dio mas… nunca le puede ganar. —dijo Macho sonriendo.
Dejamos descansar los caballos y luego, por separado, regresamos al pueblo sin que nadie se diera cuenta.
La oportunidad se presentó el veintiocho de diciembre.
Fin de noviembre y todo diciembre, enseñé al colorado algo que le fue muy fácil de aprender y consistía en lo siguiente: Normalmente caminaba renqueando, pues con la mano izquierda pisaba mal, debido al problema que tenía. Lo entrenaba haciéndole caminar, y cuando volvía por la izquierda, lo hacia lentamente y sin apurarlo.
Cuando volvía por la derecha, mis talones provistos de pequeñas espuelas lo pinchaban por lo que se transformaba en un caballo brioso y difícil de contener.
El entrenamiento y la comida administrada sabiamente, hicieron que el caballo se transformara, adelgazando y adquiriendo un brillo especial.
----.Muchachos… ¿Qué les parece si vamos a ver el entrenamiento del petizo colorado?...---preguntó Patea a los amigos que habían terminad un partido de fútbol y como estaban cerca, todos aceptaron.
El grupo se disolvió y todos, por distintos caminos fueron llegando. Esta era la consigna, no decir a nadie que lo entrenábamos para correr.
----.Nauncho, yevalo hasta la punta y traelo con todo. —Me dijo Macho.-
----.Bueno, pero no griten, nadie debe saber que estamos entrenando al petizo. —dije montando en el caballo y haciéndolo girar hacia la izquierda, por lo que camino con el problema de costumbre.
Parecía enfermo por lo que la gente pensaba en que seria incapaz de galopar.
Cuando llegué al final de la pista, lo detuve unos minutos, me tomé de la pechera, puesta ex profeso alrededor de su cuello como medida de seguridad, para tomarme de ella cuando se encabritaba.
Lo hice girar a la derecha y el animal comenzó a dar muestras de nerviosismo, levantando las patas delanteras por lo que estuve en un tris de salir despedido por detrás. Solté las riendas dando un grito que el animal conocía, por lo que salto hacia adelante comenzando a correr. A los cincuenta metros desarrollaba gran velocidad, mientras yo, acostado sobre su lomo, le hablaba. La cola extendida y su forma de correr hacían un hermoso conjunto.
Paulatinamente fue aumentando la velocidad y cuando pasee frente a los muchachos, estos, mudos de asombro, estaban con la boca abierta y sin pronunciar palabra.
Más adelante lo detuve y regresé al paso hasta donde se encontraban los amigos que saltaban de alegría.-
----Pobre Baldacini. —decían todos
----.Muchachos hay un problema.---dijo Docho cuando todos se tranquilizaron.
---- ¿Cuál?---preguntamos todos.
----El viejo no nos dejará correr y menos que lo corra Nauncho.-
----Bueno, vamo a buscar alguien que lo corra y en cuanto al permiso, di alguna manera lo vamo’aconvencer…es una pena qui’l Nauncho no lo pueda hacer, el lo conoce muy bien al petizo. Él le obedece con qui solo l’ hable.---dijo Macho
Prácticamente dormí con el caballo para que estuviera en buena forma y no pasara nada, los dos últimos días.
Le hicimos pequeñas heridas en la nariz, pusimos abrojos en la cola, embarramos sus patas, espolvoreamos su cuerpo con carbonilla para que no se notara el brillo del pelo, pues este detalle, de ser notado, demostraría un cuidado especial.
Con el caballo asi disfrazado y caminando con un acentuado problema en la pata delantera izquierda, nos dirigimos al lugar de las carreras de caballos, llegando todos por separados.
El petizo”colorau reta”era montado por un primo nuestro; Josele Jiguer, un pibe de ocho años de edad, hijo de una hermana de mi madre; este lo llevaba al paso para que se notara lo mal que caminaba.
Gente que lo vio al llegar comentó:
----“Como es posible que ensillen un petizo tan enfermo…en cualquier momento tropieza y lo manda de cabeza al niño…parece mentira que no le tengan lástima…”. —ante lo cual yo sonreía pensando en la sorpresa que tendrían.
A todo esto, yo, montado en mi caballo tordillo, lucia un hermoso apero que hacia juego con el petizo, de bellísima estampa que caracoleaba como queriendo hacer ver sus nuevos correajes y los abundantes adornos de plata.
Alguien de los amigos que componían la barra hizo un comentario dando a entender que cabía la posibilidad de una carrera con la yegua de Baldacini. Este rumor hizo cuerpo, pero cuando observaron el petizo “colorau reta” atado a un árbol, comenzaron a reír haciéndonos toda clase de bromas, por lo que optamos por separarnos para que se calmaran los graciosos y nos dejaran tranquilos. Este hecho fue tomado por todos como una cobardía, pues la yegua de Baldacini era paseada por el lugar buscando contrario para correr y nadie aceptaba el desafío.
Todos comprendieron, ante la estampa del animal que se encontraba en plena forma siendo de una hermosura sin igual, que nosotros deberíamos estar locos para haber hablado de correr contra ella con nuestro petizo colorado, “sacado del encuentro”.
Luego de una hora, desensillamos el caballo para que estuviera libre de correajes. Este, continuó durmiendo por lo que daba la impresión de mantenerse en pie por casualidad.
En cierto momento, nos acercamos con un estanciero que decía poder curar su enfermedad, pero como el petizo se había “echado,” no lo quisimos molestar.
Ya se habían disputado varias carreras y los ánimos estaban muy excitados por lo que se habían formado grupos de amigos que comentaban las alternativas de estas.
Nos dirigimos al que habían formado, Ramón Vega, Shonfeld, Baldacini, García, La Casera, El Chancho, El Chivo, mi padre y otros, todos estancieros, comerciantes y colonos de la zona.
---- ¿Cómo está don Baldacini?...---saludé al hombre cuando nos acercamos
----.Bien muchacho… ¿Dónde dejaste tu parejero?...alguien me dijo que querías correr contra mi yegua… ¿será posible?---dijo riendo a carcajadas.
----.Bueno…cuando veníamos, casi se me cae, por eso lo ate a un árbol para que descanse, el viaje desde el pueblo parece que no le sentó bien…---dije como para que siguiera riendo, mientras miraba a José García que también reía, pero de forma distinta. Cuando se calmaron le pregunté…
---- ¿Señor, trajeron la yegua para correr?---
----Si, pero no encontramos con quien hacerlo, todos los que desafiaron son caballos grandes y vos sabes que ella es una petiza como el tuyo. Contra uno del mismo tipo, me animo a dar ventaja con tal de hacerla correr.
----.Yo pienso que su yegua es pura pinta y fama pero en la cancha no vale nada y para que vea, le corro con nuestro colorado sin que nos de ventaja. —dije viendo como todos dejaban de hablar y me observaban. Se cortaron las carcajadas y mas de uno se acerco ante la salida de un jovencito que apenas levantaba un metro y algo del suelo, quien con mucho desparpajo, desafiaba seriamente a todo un estanciero famoso por sus aciertos en carreras de caballos.
Mi padre también dejó de hablar y mirando a Baldacini, quedó cortado, pues nunca imagino que yo me atrevería a hacer lo que hice.
Los muchachos, integrantes de nuestro grupo se mantenían algo alejados pues nadie sabia como reaccionarían las personas mayores.
José el que nos había regalado los petizos, se me acercó sonriendo y poniéndome una mano sobre el hombro dijo ---
----Nauncho, ¿Cuántos metros queres correr?...
---- Le corro quinientos metros…
----Quien montará?...
----.Yo…---dije muy orgulloso.
José, sonriendo con orgullo y levantándome sobre sus hombros hasta sentarme en ellos grito: ---
----¡¡¡Doscientos pesos al colorado de los Chertkoff, contra la yegua de Baldacini!!!!—y con ello, todos rompieron el silencio que reinaba desde hacia unos minutos, con lo que se dio por aceptado el desafío, siendo para algunos incomprensible que se llevara a cabo una carrera de ese tipo.
El asombro, ante el grito de José García, fue mayúsculo pues todos sabían que entendía de caballos de carrera y si arriesgaba esa suma, era porque había dos posibilidades, que estuviera loco…o…loco.
Mi padre observó a García y ante una imperceptible seña de este, dejo de reír y comenzó a aceptar algunas apuestas de los amigos.
----. ¡¿Cómo?,…¿ya nadie ríe?...Vos Chivo…seguí riéndote de mi petizo…vamos…¿Por qué no lo haces?...
----.Bueno…ya que te sentís machito…te apuesto quinientos pesos…---dijo sonriendo.
----.Sabes que no los tengo…y aunque los tuviera no te los jugaría, seria robarte la plata, además mi hermano y yo no apostamos…no corremos por la plata sino demostrarles que a ustedes, la gente mayor, son fáciles de ganar…
----.Bah…palabras…puras palabras…
----.Ya verás…no digas después que no te avisé…
En ese momento intervino mi padre diciendo.---
---- ¡Ustedes están locos, ese animal rodará y matará a quien lo corra, además no esta acostumbrado a correr en público, se asustará ante el griterío de la gente y es capaz de atropellar al público.
----.Papá, el petizo correrá bien, por ese problema del público corremos quinientos metros, después de los trescientos ya no hay nadie y entonces me comeré la yegua.
----.Vos no correes…
----.¡Pero papá…!—
----.¡Vos no correes…si quieren que lo haga otro, vos no lo ,montas.—
Todos conocíamos a mi padre y sabíamos que cuando tomaba una determinación, solo mi madre podía hacerlo cambiar de idea, pero como ella no había concurrido a la reunión, optamos por buscar una persona que corriera con nuestro caballo.
---- ¡Muchachos, a buscar al Sapo!...—gritamos convencidos de que no había otra solución y por ello salimos corriendo en todas direcciones tratando de ubicar al joven que por su habilidad se había ganado un merecido prestigio, como corredor de caballos.
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A este muchacho, El Sapo, lo convencimos contándole toda la verdad, porque al aceptar correr, todos gritamos su nombre.
----¡¡No griten!!!... quilomberos…--dijo en el mismo tono, mientras reía ante la posibilidad de cobrarse algo que le había hecho el corredor del otro caballo.
Era un joven de unos diez y siete años, de cuerpo muy pequeño, morocho, pelo largo atado con una vincha, como los indios, de los cuales debía ser descendiente por los rasgos de la cara y por su forma de reír.
Vestía bombachas, cinto con rastra en el que descansaba un hermoso cuchillo cabo de plata, camisa pañuelo al cuello, se cubría la cabeza con una gorra vasca.
Macho López, por conocer al caballo, explicó al Sapo la forma en que debía correr al petizo, pues, este muchacho, si bien era experto, no lo conocía en la cancha.
Sobre todo, no dejó de explicarle la triquiñuela de hacerlo girar al principio por la izquierda y al final por la derecha, para que el público no pudiera cambiar las apuestas, al ver que el “colorau reta” era un animal muy distinto de lo que parecía.
El petizo continuaba durmiendo, ajeno a todo lo que estaba pasando, por lo que se sintió molesto cuando pretendimos que se pusiera de pie.
----.Pago…pero deposita…
----. ¿Qué?.... no me tenis confianza?...
----Si pero’sta vez vo’a ganar por mas de veinte metros y quiero asegurar la apuesta…
te vo’a dejar hablando en turco…--dijo riendo el joven, mientras concretaban la Macho, se acercó y luego de friccionarlo con una lona, tomó un cepillo y comenzó a sacarle el polvillo del carbón con el cual lo habíamos cubierto, por lo que apareció debajo su color rojo fuerte casi marrón que brillaba hermosamente.
Le colocó una pecherita de seguridad por lo que los curiosos rieron, pues sólo a los caballos briosos se les ponía y nuestro petizo tenia de todo menos bríos, según ellos creían.
La barra formada por los amigos con los que jugábamos al fútbol y salíamos de cacería, había aceptado apuestas sin tener ni remotamente la cantidad de dinero jugada. Todos se arriesgaron por la confianza que nuestro caballo les merecía.
Cuando El Sapo, montado en el petizo llegó a la pista, ya estaba la yegua de Baldacini en su lugar, hermosa, elegante, inquieta por correr, su fina estampa impresionaba muy bien, contrastando con nuestro caballo que si bien demostraba haber estado alimentado en forma especial y brillaba ante el sol; dejaba mucho que desear.
Hicieron el primer “vareo” hasta los cincuenta metros. La yegua salio en dos patas mientras el petizo, de casualidad si podía caminar por lo que el público comenzó a dar ventajas impresionantes a favor de la misma.
No era difícil oír el grito de:-
----¡¡¡Cincuenta contra diez a la petiza!!!—sin que nadie tuviera el coraje de aceptar.
----¡¡¡Corre el “colorau” de los Chertkoff! Corre el “colorau” de los Chertkoff! ¡!!—
Rápido, en un instante, todos se volcaron a la pista, pues nadie pensó que pudiera ser cierto. La gente que normalmente se dedica a jugar a la “taba”, suspendió sus partidas para presenciar esta carrera imposible y por ello, los lados de la cancha se vieron colmados más de costumbre. No por la gran calidad de los caballos, sino por la audacia de un grupo de jovencitos que se animó a desafiar a una yegua como la de Baldacini con un petizo “manco”, esto fue lo que más atrajo al público.
---- ¡Sapo!!!...¡¡¡Despedite de tu vieja!!!...esta vez te matas!!!...---le gritaban al muchacho, la gente, al verlo montado sobre el petizo.
---. ¡¡¡CHE LOCO VAS A PARAR AL HOSPITAL!!!....--- se podía oír cuando pasó al trote en el animal que ya parecía caer.
----. Sapo… te juego cuarenta a diez en contra tuyo.--
Apuesta de la cual don Vega fue depositario.
En total fue poca la gente que apostó a favor de nuestro petizo, siendo los parientes del Sapo, los que más lo hicieron y José García.
----. Cien a diez a la yegua.---
----. Doscientos a treinta a la yegua.---
----. Diez a tres a la yegua…--- de esta manera se cruzaron las apuestas debido a la poca confianza que tenían a nuestro petizo, pero de cualquier manera, todos se preguntaban como era posible que nosotros, conociendo la yegua, desafiemos a esta. Esta incertidumbre excitaba mucho más al público.
Los caballos continuaron en movimiento varios minutos, haciendo salidas cortas con el fin de calentar el cuerpo.
Los dos jóvenes que montaban estos, eran expertos en estas lides y en cada oportunidad que trataban de correr, algunos de ellos, se encontraba en ventaja.
Debemos tener en cuenta que ese tipo de carrera se hacia entre dos caballos en movimiento, es decir, que yendo al galope, al grito de los corredores, comenzaba ésta.
Sapo, con gran maestría, continuaba haciendo girar por la izquierda al colorado, por lo que éste respondía, pero ni por asomo, en la medida de sus fuerzas, haciendo notar por ello la superioridad de la yegua, que siempre “salía parada en dos patas”, mientras que el colorado lo hacia normalmente.
Ya la gente se estaba impacientando ante la gran cantidad de veces que “partieron” sin ponerse de acuerdo; cuando al llegar de regreso, al punto desde donde debían largar la carrera, Sapo, tomándose de la pechera de seguridad, cosa que no había hecho hasta ese momento; hizo girar nuestro caballo hacia la derecha y se escucho un….:---¡¡¡ OH!!!!--- Dado por el público, ante lo que estaba presenciando.
El “colorau reta”, parado sobre las patas traseras, parecía querer alcanzar el cielo con las manos, mientras emitía una especie de relincho y “manoteaba” el aire.
El joven, con gran dificultad se mantenía sobre su lomo, tratando de calmarlo, mientras el gentío ya estaba en la cancha por donde deberían pasarlos los caballos, por los que los agentes de policía, trataron de despejar ésta.
Cuando por fin lo pudo orientar, el colorau “salio cruzao”, “manoteando fuerte,” mientras la yegua hacia esfuerzos denodados por “pariarlo”. En un intento de que no se le fuera.
Sapo, mirando de costado, acotó riendas y al tener la yegua a su lado, gritó a lo indio, pero… su contrincante no aceptó el desafío y frenó su cabalgadura.
Nuestro amigo continuó unos metros mas para mostrar al público el animal que montaba y mientras hacia esto “se golpió” la boca ante el asombro de los presentes, no sólo por esto sino, por el conjunto que formaban él, sin rebenque, en medias pegado al lomo del animal y con los ojos desorbitados por la emoción, gritando.---
---- ¡¡ ¡Dos mil a mil al COLORAU, ME JUEGO DIEZ VACAS A MI CABALLO! ¡!!
Pero nadie contestó, no podían hacerlo. La yegua había empequeñecido.
Mi padre, muy preocupado, se desprendió el saco y mandó a Patea al Plymouth, mientras José, Ramón Vega y otros íntimos, fueron disimuladamente, formando un grupo cerca del camino. Nadie sabia como reaccionaria el público y como papá nunca asistía a una carrera sin estar perfectamente armado…
Todos se mantuvieron cerca del auto que parecía un arsenal ambulante. Patea se había encargado de aprovisionarlo y por ello, papá lo mandó que destrabara todas las puertas y estuvieran a la expectativa.
En la salida siguiente, nuevamente el colorau salió en dos patas, con la larga crin al viento que cubría prácticamente al pequeño joven.
Este nuevamente invitó al contrario, quien contestó con un grito parecido y se oyó.----
¡¡¡¡LARGARON!!!!... ¡¡¡¡SE VIENEN!!!!....---
Caballo y corredor eran una sola pieza, el joven acostado sobre el animal, extendido, parecía flotar en el aire, mientras el caballo, “mascando el fierro”, comenzaba “estirarse” ganando terreno.
En los primeros cien metros, sacó ventaja unos cuatro metros, pero mas adelante, cuando llegaron al lugar en que se encontraba la gente, nuestro petizo se asustó tratando salir de la pista, por lo que perdió preciosos segundos, aprovechados por la yegua para pasar al frente.
Sapo, prevenido de que eso podía ocurrir, con gran maestría, no castigó al animal optando por confiar en él y sólo tratar de volverlo a la senda, obteniendo una pronta respuesta del dúctil animal, que pareció comprender el error cometido.
A todo esto, la gente recobró parte de la confianza perdida en la yegua, pero esto duró muy poco. Una vez que los animales rebasaron al público, nuevamente nuestro caballo se encontró con el silencio y estirando el cuello, levantó la cola en alto y fue una centella, como si le hubieran inyectado algo fuera de lo normal, embistió con todo y “se jue”, dejando a la yegua muy atrás, “se quedó parada”.---
Los esfuerzos de la yegua fueron inútiles y asi, entre gritos y sombreros que fueron arrojados al aire, por todos en general, pues hacia años que no se corría una carrera que fuera tan emocionante, regresaron los caballos con el triunfo indiscutible de nuestro “COLORAU –RETA”, por mas de cien metros en quinientos.
La gente, a pesar del dinero perdido, se sintieron felices del triunfo logrado por nuestro petizo, que debió hacer dos salidas más, montado por mí, feliz de exhibirme con mi obra, para deleite que lo admiraron en las “partidas en dos patas”.
Minutos más tarde estaba descansando como si no hubiese corrido. Todos pagaron las apuestas, mientras el hijo de Baldacini, sonreía observando al petizo.
----Che Nauncho, que macana que hicieron al caparlo, me hubiera gustado hacer servir mi yegua con tu caballo, hubiesen tenido unos muy buenos potrillos…
Tiempo mas tarde el Chivo Zufiaurre pidió a mi padre el petizo, para hacerlo correr una “depositada” por valor de cinco mil pesos, una verdadera fortuna, si se tiene en cuenta que en esa época una vaca costaba treinta pesos y por lo tanto la carrera seria por el valor de ciento cincuenta y cinco vacas.
Se discutió mucho las condiciones de la carrera y al no ponerse de acuerdo se suspendió.
Durante mucho tiempo se comentó lo ocurrido en es reunión haciendo que nadie se riera en adelante de nuestro petizo colorado “sacado del encuentro”.
Este problema no pudo ser curado a pesar de la gran cantidad de entendidos que trataron de hacerlo, esto lo acompañó toda la vida.
Este hecho quedaría grabado en mí como algo realizado en una época en que la vida era digna de ser vivida.
Todavía un niño, este triunfo, gracias a una serie de circunstancias penetró muy hondo en mi alma, acrecentando mi cariño por las cosas del campo, del que me sentía parte integrante y los amigos que conmigo disfrutaron del triunfo, demostraron que todos éramos iguales, unidos por una TIERRA noble que daba alegrías y derrochaba bondades con quien la quería.
En nuestras mentes de muchachos de pueblo, simples y limpias, no cabían “retuerces” y nos parecía un imposible que esa tan querida existencia pudiera terminar… siempre seriamos los mismos…pensamos, pero el tiempo se encargaría de convencernos lo contrario y ¡cuanto lo sentiríamos!...-
¡Pobre petizo colorado…! Para vos tampoco se detuvo el reloj…y te fuiste, como todos nos fuimos…. ¿en que campos de pastoreo retozas?...te rindo el honor que mereciste...
Last Updated ( Friday, 16 May 2008 19:19 )

