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Estudiando en Rosario

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Written by Naum Chertkoff
Tuesday, 20 May 2008 00:09

Pocos días después de haber llegado a mi nuevo hogar, me inscribí en el Colegio Nacional Numero 1, calle nueve de Julio numero seiscientos nueve de la ciudad de Rosario.

Comencé una nueva etapa de mi vida en la que el escenario, los compañeros y el ambiente eran muy distintos a los que estaba acostumbrado.

Tomé el tranvía diez y seis, que me llevó hasta la puerta del colegio. Era el primer dia de clase después de las vacaciones de Julio y por ello, todo era risa y charlas sobre lo hecho en los diez días.

Me llevaron hasta un aula donde ya estaban reunidos los alumnos y un profesor a quienes me presentaron.

Desde un principio se hizo notoria mi timidez, tanto, que los compañeros no perdieron la oportunidad de reír por mi forma de ser.

Me encontré sentado entre extraños, lo que hizo pensar en mis compañeros de escuela.

Siempre tuve la esperanza que algunos de ellos, también estudiara y asi me sentiría mas cómodo, pero esto no fue posible.

Regresé a casa habiendo trabado amistad con un joven de mi edad que vivía cerca.

Asi fui haciéndome a la idea de que no tenía escapatoria y por ello traté de adaptarme.

Los compañeros del colegio me aceptaron tal como era y yo los fui comprendiendo pues eran buenos amigos.

No dejaban de reír cuando yo tenia que leer, pero no los tomaba en cuenta, por lo cual también en los recreos, seguían las pullas; hasta que en una oportunidad, tomé a uno por el cuello y lo golpeé de tal manera que no pudo presentarse a clase.

Por varias oportunidades en que tuve que demostrar, obligado por las circunstancias, la fuerza de la cual estaba dotado, los compañeros comenzaron a llamarme PAMPA BARBARA.

En el primer año, segunda división se había formado un grupo del cual pase a ser parte integrante y muy pronto me sentí cómodo, por la forma de ser de los muchachos.

Estos eran: Antonio Álvarez, hijo de españoles y nacido en España, por lo que lo apodábamos Gallego. Feliciani, hijo de italianos, que siempre tenia problemas con las uñas de los pies y además iba a misa muy a menudo, lo llamábamos Uñas. O Chiche. (Nada tenia que ver con Chiche de Gualeguaychu)

Rodolfo, hijo de padre estadounidense; este señor,(su papá) trabajaba como inspector de Banco Nación; lo apodábamos Bolsón por los trajes grandes que les compraban sus padres.

Ángel, era rubio, le decíamos Negro, tenía una pequeña dificultad para hablar cuando estaba nervioso. Y por ultimo yo, hijo de judíos y por razones ya explicadas me decían PAMPA BARBARA.

Este grupo, muy unido desde un principio, hizo muchas travesuras y dio mucho de que hablar.

Entre los compañeros de estudio se formo un equipo de fútbol que ya había disputado varios encuentros con suerte diversa.

El primer jueves de mi estadía en el nuevo colegio, fui invitado para practicar y de esa forma se sabría si podía ser incluido.

Cuando termino el partido, todos estuvieron de acuerdo en que el nombre de Pampa Bárbara, me cuadraba, pues en el puesto de back derecho se debía ser recio, en lo posible y demostré que además de no temer a los delanteros, defendía muy bien el arco, deteniendo lo avances enemigos.

Luego de devolver los primeros foul que me hicieron, se cuidaron muy bien de volver a cometer la misma falta.

La formación del equipo fue la siguiente:

Arquero, Drap Defensa, Nemirovsky y yo.

Línea media con, Feliciani, Antonio y Coria.

Delantera, Ángel, Nemcovsky, Rodolfo, Novi y Olivieri.

En el colegio se comentó que más de uno tenia la marca de los tapones de mis botines.

Yo, jugué siguiendo la escuela de Bernardi.

Las notas del trimestre fueron mejores que las traídas de Gualeguaychu, por lo que me sentí conforme.

----. Pampa… ¿Cómo es posible que acá, sin haber estudiado, tengas mejores notas?...---pregunto Rodolfo.

----. Es muy simple, Bolsón, en Gualeguaychu me ocupaba mucho de las pendejas…me tenían loco…

----.JA!,JA!...JA!...JA!....—rieron los amigos y dijeron--¡Compadrón!...Ronchero…si les tenes miedo a las pibas…

----. Va a resultar que Pampa es un Gigoló…--dijo Antonio.

----. Pero si no sabes ni hablar…

----. Muchachos, el encanto de un muchachito criado entre los indios y la gente del Montiel, es muy apreciado por las pibas. Ustedes no lo pueden entender, pero les aseguro, que las “GUAYNITAS”, se hacen toda clase de ilusiones, porque aunque ustedes no lo crean, llegado el caso, nosotros somos muy románticos y un poco bruscos, que es lo que nos ayuda mucho.

Se darán cuenta de lo que digo si preguntan a una chica que se llama Norma y ustedes conocen.

Vi la incredulidad en mis amigos asi que les respondí a su silencio.

----. Muchachos, nunca mas les cuento nada… creen que lo hago para darme dique…--dije pensando en que se notaba la diferencia entre un joven de ciudad y uno de el campo.

 



Mi madre, comenzó a sentir el cambio de vida antes que nadie y eso se tradujo en el quebranto de su salud y mas de una vez, al regresar a casa la encontré llorando.

Papá trabajaba en sociedad con un tío fabricando prendas de vestir.

Patea continuaba en casa de vacaciones, disfrutando de algo que se había ganado con largueza.

Docho, mi hermano, comenzó a estudiar en un colegio Industrial.

José Fioravanti, Patea como le llamábamos, decidió un dia viajar a Buenos Aires, para probar suerte y como nada le impedía realizar sus deseos, preparó sus valijas y marchó, sabiendo que en esa casa dejaba a su segunda familia y que seria bien recibido en cualquier momento como un hijo más.

Mamá lloró cuando se fue el joven que muchos años antes se había dirigido a ella, confiando en su buen corazón para conseguir ser admitido en el negocio como peón.

Al marcharse, se fue con el algo mas que nos alejaba del querido Bernardi.