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Servicio Militar

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Written by Naum Chertkoff
Tuesday, 20 May 2008 00:15

El dia de la presentación me acompañó mi hermano Docho, para enterarse del lugar que seria destinado.

Un año antes había dejado la práctica de los deportes y por ello engorde llegando a pesar, el dia de la incorporación noventa y seis kilos, que era mas de lo normal, si se tenia en cuenta que media un metro setenta.

Gozaba de perfecta salud y me sentía capaz de soportar perfectamente la vida militar.

Fui vestido con un buen traje, muy moderno y zapatos de acuerdo a la moda. Lleve doscientos cincuenta pesos para los primeros gastos.

Era la primera vez que me separaba de mi novia, por lo que eso la apeno mucho.

Me contaron luego que ella, cuando se entero mi destino, solo lloraba aferrada al mapa, donde figuraba el lugar donde fui asignado.

De mi familia yo era el primero y único que debía hacer el servicio militar y esto afecto a mi madre, quien estaba preocupada en grado sumo pues a pesar de tener ya, veinte años, seguía siendo el niño mimado.

A las diez de la mañana ya teníamos el destino y eran muchas loas caras larga, pues desde Rosario se enviarían soldados a todos los puntos del país y a mi me correspondía Monte Caseros, Provincia de Corrientes.

Mi hermano al oír mi destino, enmudeció.

----. Bueno viejo…parece que yo haré lo que vos y Bume no hicieron.

----. Si, y creeme que lo siento…es un lugar bravo…---manifestó, mientras nos dimos un fuerte abrazo.

----. Deciles a la vieja y a Fani que no se preocupen… ya les escribiré cuando llegue a Monte Caseros.

----. ¡¡¡AATENCIONNN!!!....LOS DESTINADOS A MONTE CASEROS….
¡¡¡¡ACAAA!!!!! CONMIGO….RAPIDOOOO….---grito un sargento indicando el lugar donde se encontraba. Todos respondimos a su llamado acercándonos.

----.¡¡¡SOLDADOS!!!....dentro demedia hora sale el tren que nos llevara a destino y por ello debemos caminar rápido, hasta la estación…---y continuo diciendo a gritos…

----.¡¡¡FORMEN FILA DE TRES EN FONDO!!!---a lo que obedecimos inmediatamente.

Minutos mas tarde caminábamos por las calles de Rosario saludando a la gente que salía a nuestro paso para vernos partir. Éramos los futuros soldados.

Cuando llegamos, inmediatamente fuimos ubicados en distintos coches de pasajeros de primera clase por lo que pensamos que tendríamos un viaje placentero.

Gran cantidad de familiares de los soldados se dio cita en la estación para vernos partir y ellos se llevaron una muy buena impresión al vernos sentados en ten cómodos coches.

Todos llevamos bolsos con comida, pues sabíamos que nos esperaban más de dos días de viaje.

Por la ventanilla del asiento que me correspondió, vi acercarse a papa y Docho.

----. Muy buen lugar conseguiste gracias al Teniente. —dijo mi padre sonriendo.

----. Docho ya le habrá explicado lo que paso.

----. Bueno, ahora ya no importa…creo que no debo recomendarte nada…ya sos un hombre y todo lo que debías saber, ya lo aprendiste…solo te digo que sirvas a la patria, con alegría y orgullo, como buen argentino…y…todo lo que pensaba decirte se me quedo trancado en este nudo que tengo en la garganta…--dijo mi padre emocionado.

Luego de secarse una rebelde lágrima agrego:

----. Me siento orgulloso de que mi hijo sea soldado de este querido país…creo que en el campo te enseñe lo suficiente como para que seas un buen sold…--

No pudo continuar, pues estaba muy emocionado y el tren partía.

Mire a mi padre, ese hombre rudo y parco en palabras que veía lagrimar ante el hijo que se iba.

Me sentí honrado por sus palabras, pues sabia de su entereza y entendía su emoción. Comprendí su sentimiento, que por falta de idioma y por haber vivido la mayor parte del tiempo en el campo, no fueron muy delicadas, pero me llegaron al alma y asi de esa forma, comencé el viaje a Monte Caseros.

 

 


 

 

En pocos minutos llegamos a San Lorenzo, donde nos hicieron descender del tren.

----. ¡¡¡SOLDADOS!!!....¡¡¡VAMOS A CAMBIAR DE TREN!!!—grito con buena vos de mando y nos condujo a otro que nos hizo enmudecer. Era para ganado y a el ascendimos.

----. Bueno, ya me parecía que era mucho lujo viajar en un tren de primera.—dijo un compañero.

----. Los hijos de puta nos sacaron de Rosario en uno de lujo para que nuestras familias estuvieran tranquilas…--protesto otro.-

----. ¡¡¡PAMPA BARBARA!!!—grito Rodolfo al verme

----. ¡¡¡BOLSON!!!—exclame al encontrarme con el y nos abrazamos riendo.

Comprendimos que no estaríamos solos.

----.¿Que sabes de los demás de la barra?...pegunte a mi amigo.

----. Nada…solo vi a Olivieri…va conmigo.

----. Pero ¿y Torrano, Antonio, Feliciani?...

----. No los pude ver…el Gallego no fue recibido aunque se presento voluntario…

----. ¿¡No habías conseguido acomodo…?.—dije riendo.

----. ¡¿Y vos…?—me respondió de la misma forma.

----. Yo no tengo problemas pues me veré en mi elemento, pero vos…--estas sonado viejo….---

Fuimos invitados cordialmente a ubicarnos en los cómodos vagones pues debíamos partir y como nuestros destinos eran, para mi, el Cuatro de Infantería y el de mi amigo el Tres de Zapadores Pontoneros, viajamos en distintos vagones.

A las diez y seis horas el calor era insoportable y como en el tren no había agua, todos los que comieron tenían mucha sed por lo que comenzaron a gritar y protestar contra el ejército.

Yo no había comido y como llevaba doce naranjas y seis limones, soportaba sin preocuparme pero cuando la sed fue insoportable para los compañeros, repartí entre ellos la fruta reservándome solo un limón Llegamos a un lugar donde el tren debía cargar agua y todos aprovecharon para tomar gran cantidad. Comprendí que habría complicaciones y se lo hice saber al sargento.

----. Mi sargento, los muchachos están tomando demasiado líquidos y les hará mal.-----. ¡¡¡CUANDO SE DIRIGE A UN SARGENTO DEBE PONERSE FIRME Y DECIR””PERMISO MI SARGENTO””…--grito muy serio para luego agregar:

----. Gracias soldado. Tiene razón y lo malo que no llevamos botiquín. —

Inmediatamente ordeno subir al tren y continuamos la marcha, llegando a Santa Fe a las veinte horas. Durante el trayecto se confirmo lo que le había dicho al sargento.

Tuve que correr de un extremo a otro del tren tratando de calmar a los muchachos y haciendo de unas gotas de limón, el remedio para los problemas que había.

Descendimos del tren y comenzamos a caminar en dirección al puerto, distante diez kilómetros. Una vez allí, tomamos la balsa y cruzamos el río, llegando a Paraná, donde desembarcamos y caminando nuevamente nos llevaron hasta la base aérea distante doce kilómetros. Siendo las tres horas de la madrugada llegamos al lugar e inmediatamente buscamos un lugar para dormir que nos fue concedido como favor. El césped de la entrada a la base.

No comprendimos el motivo de hacernos caminar tanto para dormir en el césped, siendo que al dia siguiente, cuando regresamos caminando, vimos frente a la estación de ferrocarril, un hermoso descampado donde hubiéramos podido dormir y asi, evitarnos veinte cuatro kilómetros que nos robo varias horas de sueño.
Alas ocho de la mañana tomamos otro tren que nos llevaría a la ciudad de Concordia y desde allí en un nuevo tren a destino, donde por fin llegamos a los tres días de haber salido de Rosario.
A nuestra llegada, habíamos perdido toda la energía. Ya nadie cantaba, ni reía. Estábamos sucios, barbudos, hambrientos y cansados.

Cuando arribamos a Monte Caeros, nos esperaban varios soldados y como éramos de infantería, nuevamente caminando nos llevaron hasta el cuartel distante ocho kilómetros.

Pocos metros antes de entrar, el sargento detuvo la marcha y grito con renovada energía—

----.¡¡¡SOLDADOS¡¡!VEN EL GANCHO EN LO ALTO DEL PORTON???!!!....---

----. ¡¡¡SIII!!!...¡¡¡MI SARGENTOOO!!!! Respondimos todos.

----. ¡¡¡BUENO…ES PARA QUE DEJEN COLGADOS LOS HUEVOS HASTA EL DIA QQUE JUREN LA BANDERA!!!....—

Luego de lo cual entramos al cuartel mientras éramos observados por los soldados de la clase anterior y que todavía no habían sido liberados. Se encontraban a los lados del camino que llevaba a la central del cuartel.

El calor era tal que nadie dormía en el regimiento a pesar de ser media noche.

----. ¡¡¡SOLDADOS ACOSTARSE EN EL LUGAR!!!...—grito el sargento y todos, como si hubiéramos sido segados por una gigantesca hoz, caímos rendidos por el cansancio.

Siendo las cinco de la madrugada, fuimos despertados mientras se acercaba un grupo de oficiales que nos contemplaron.

Se procedería a la distribución de los ciento veinticinco jóvenes que llegamos juntos desde Rosario y seriamos ubicados en las distintas compañía-

Nos entregaron pantalones cortos, calzoncillos y camisetas sin mangas para completar la primera vestimenta.

A renglón seguido nos cortaron el pelo. Según las contestaciones que dábamos a las preguntas que hacían, fuimos siendo distribuidos.

En días anteriores habían llegado varios contingentes de soldados por lo que con nosotros quedaba completada la nómina.